Hoy, después de un viaje de nueve horas y media (con sus respectivas paradas, para que Daniel descansara), llegamos a Tacátzcuaro, Michoacán.
Salimos a las 8:00 p.m. Fueron nueve horas y media debido a que nos agarró el tráfico a la entrada de Sahuayo y La Piedad, además de que no encontrabamos el libramiento de Zamora para dirigirnos hacia nuestro destino; y la carretera camino a Jiquilpan está en pésimas condiciones, repleta de baches (o mejor decir que había muy poca carretera en los baches) por lo que nos alentó el paso: de ir a 180 km/h máximo en autopista, reducimos la velocidad a 45 km/h a la hora de entrar a Michoacán. Fue hasta que pasamos los primeros pueblitos que la carretera mejoró en condiciones y se pudo acelerar a 80 km/h promedio.
Primero pasamos a Tocumbo, a saludar a toda la familia de mi papá. Mis tías estaban reunidas, como preparándose para la Nochebuena. Mi abuelo Celestino estaba a la entrada de la puerta. Fue al primero que saludé. El pobre ya no puede caminar y anda de coscolino con una prosti de Los Reyes. ¡Ese es mi abuelo! Lo que mis padres ven como algo malo, yo lo veo como algo muy positivo. A este hombre se le notan las ganas de vivir. Sólo que alguien debería decirle que a la viejas “ni todo el dinero ni todo el amor”. Parece que su comportamiento está causando problemas económicos a mis tías. Esperemos que no sean demasiado graves, porque entonces la mejor opción será meterlo a un asilo para ancianos.
Al llegar a Tacátzcuaro, pues nada… lo básico: a descargar el automóvil. Yo, de inmediato, acondicioné mi recámara: computadora, libros y libretas, así como apuntes de la clase de japonés, todos al tocador. Toda mi ropa, al buró y el clóset. Prácticamente todo está completo, a no ser porque verifiqué que no traigo el cable USB para la cámara fotográfica y el eliminador de las bocinas que le compré a la laptop tiempo atrás.

La verdad llegué muy cansado. Sólo deseaba dormirme. Pero la verdad, lo mejor era salir a ver a mis familiares. Así que habiendo comido, fui a casa de mis tías Chela y Yuyu. Allá estaban todos reunidos: Yosadara, Moraima, Yajaira, Jaqueline, Edith, etc. Ayudé un poco a cortar manteles desechables y a colocar una mesa fuera de la cocina. Daniel me echó una mano, ya que era una mesa bastante grande. Me retiré de la casa de mis tías después de ello, para ir a bañarme. Apenas me alcanzó el agua para una ducha rápida, pero muy refrescante. Apenas me arreglé para salir, me recosté en mi cama… ¡y valió madre! Me quedé jetón dos horas, así que si había que ayudar en algo más, pues mil disculpas. Ya llevaba dos días sin dormir. Dos horitas me hicieron buen un paro.
Como a las 10:30 p.m. llegué a la casa. Ya todos estaban cenando. Nada fuera de lo normal: tamales, ponche y atole. ¡Pero que tamales! Ya los extrañaba, la verdad. El atolito me cayó super bien. Comí cuatro tamalitos, dos verdes y dos rojos y mi atolito. Al ponche casi no le hago porque me cagan las bebidas muy dulces,así que sólo fue eso. Había tequila, pero la verdad paso sin ver. Ya será para el brindis de mañana, en la fiesta de mis tíos Rigoberto y Evangelina.
Casi a las 12:00 a.m. me despedí. Mañana habré de levantarme temprano para ayudar en el montaje del salón. Tiene que quedar antes de la 12:30 p.m., ya que a la 1:30 p.m. inicia la ceremonia religiosa. Yo ya estoy listo. Ahora me van a ver con porte y galanura. A ver a cuantas dejo con la boca abierta.
En cuanto al pueblo, ¿qué puedo decir? Aun no lo recorro. Las cosas no pueden haber cambiado demasiado. Siempre es el mismo pueblo de siempre. No crece ni para arriba ni para los lados. Seguro hay algunas nuevas construcciones. Pero nada fuera de lo común. Sólo casas habitación. Lo que sí noté es que hay dos que tres negocios que cambiaron su facha. Pero eso ya es motivo de comentarios posteriores.
Y respecto a mis primas, me llevé una grata sorpresa. Todas ellas se están cuidando bastante. Yosadara se ve realmente hermosa. Moraima sigue igual de guapa, aunque ya engordó un poquito de la cadera. Jaqueline de plano me sorprendió. Recientementen tuvo a su nene y está como si no hubiera tenido ninguno. Sigue igual de delgada que siempre. Yajaira sigue igual de flojota, pero esa ya es su naturaleza: se le dieron demasiadas comodidades y abusó de ello. En fin, ella deberá ver si le conviene o no bajar de peso. Yo sinceramente se lo recomiendo. Sé que va a sentirse mucho mejor estando delgada, pero ¿quién la puede hacer entender si no ella misma?. Mis primos en cambio están creciendo. Cada vez se ven más como caballeros que como jóvenes. Eso es sumamente incentivante. En fin… las cosas van bien. Ya veremos mañana. Espero sinceramente que salga de lujo.





