Si algo me caracteriza, es que no puedo estar sin hacer nada todo el día. Hubo un tiempo en que lo hice, pero la verdad es que tal fue el fastidio que ahora no lo soporto. Tengo que estar haciendo algo o me vuelvo agresivo o depresivo.
Así pues, me levante bien temprano y me puse a crear música con el Fruity Loops. Al finalizar el día, tengo una buena rola, aunque aun no sé como sacarla a MP3 sin necesidad de un teclado MIDI y sin depender de una consola estática. Cada vez que toco la rola, con la opción de salvar activada -o eso creo-, lo único que salva son los tracks que están activos, en lugar de toda la pieza musical. En fin… voy a ver si César, Beto o Juan me pueden echar la mano. Mientras tanto, a seguir haciendo rolas. No sé exactamente que estilo toco, pero lo ubico entre trance y psicodélico. Ellos dirán.
Poco después, como a las 10:30 a.m., fuí a Los Reyes, Michoacán, acompañando a mi papá, mis hermanas y mi cuñado. Pasamos por mi abuelo Celestino a Tocumbo, para que no se estuviera sin hacer nada y de paso llevarlo a comer mariscos. Comí una tostada de camarón, un Vuelve a la Vida y unos camarones al mojo de ajo. ¡Poca cosa! No quedé harto, pero sí bastante satisfecho. ¡Que delicia de platillos! Especialmente los camarones al mojo de ajo. ¡Una chulada! Cada que venimos, desde que yo era un chavillo, pasamos a los mariscos a esa ciudad. Porque Los Reyes ya es lo bastante grande como para considerarla ciudad y tiene los problemas de toda metrópoli: contaminación, atascamientos vehiculares y una innumerable cantidad de topes.
Aproveché que me dejaron en el restaurante sólo, para ir de allí a un cibercafé que está a la vuelta de la esquina. La velocidad de transferencia de datos es mucho mayor a la que se obtiene en el cibercafé de Tacátzcuaro, Michoacán. Chequé mi correo y mi cuenta en MercadoLibre. Allí mismo, en el ciber café, compré el cable de USB a mini USB que se me olvidó en el D.F. Salío algo carito, pero no había de otra: o lo compraba o me quedaba sin poder bajar fotos y video de mi cámara digital y, por consecuencia, llenar la memoria de la tarjeta SD antes de que acabaran las vacaciones. Para haber sido un cable Acteck, $58 pesos es caro, ¿o no?. También pasé al mercado a comprar un par de guajes. Dos zombies del D.F. me los encargaron. No sé para que chingados los quieren, pero pues ellos verán. Y finalmente, fuí a BANAMEX a depositar $1,500 pesitos que traía a la mano. ¡Hay que ahorrar, hay que ahorrar!
Ya de regreso en Tacátzcuaro, me recosté un rato en mi cama, mientras instalaba el Diablo II a mi laptop. ¡Ya estoy hasta el queque de no tener que jugar! Y que mejor que Lord of Destruction, la superexpansión del mismo juego. Los que ya lo conocen, sabrán de que se trata. Los que no, ¡pues no saben de lo que se pierden! Es tan buen juego que salió en el 2000 y se sigue jugando en los servidores de Battle.net. Ningún juego ha logrado tanta fidelidad.
Y bueno, para no hacerla larga. Fuí de nuevo al cibercafé del pueblo, para añadirle fotos a mi blog. Y supongo que es la mejor solución que tengo de momento. Había pensado en regresar mañana a Ciudad de México, pero la verdad es que no debo. No debo porque tengo muchas cosas que hacer aquí, y si llegó allá, voy a ponerme a atender clientes y a jugar videojuegos en mi super PC (dejé pendientes Half Life 2 y Doom 3). Lo mejor es decidicarme a lo que me propuse: hacer el diseño de mi webstore, el logotipo de DJ Nemessis, estudiar japonés y ver la manera de sacar más varo este 2005, que se viene bastante apretadillo. Espero el poder pagar los $11,000 pesos de Enero al banco. Chance si se vende la laptop.





