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Receta de horror
Instrumentos
Tenga usted a la mano, un buen machete y un tambo metálico de 200l; y suficiente carbón o gas, a fin realizar la cocción por ocho horas.
Tenga precaución: consígase una máscara antigases y unos guantes de látex.
Ingredientes
Para este delicioso pozole, usted requiere una víctima previamente ejecutada; 100l de agua, y dos sacos de sosa cáustica en polvo.
Procedimiento
Vista la máscara antigases y los guantes de látex antes de realizar cualquier operación.
Disuelva la sosa en el agua, y déjela hervir. Mientras tanto, descuartice a su víctima. Cuando la tenga lista, colóquela dentro del caldo, y espere durante ocho horas, manteniendo el fuego vivo.
Al finalizar, retire dientes y uñas de los restos; y agregue sal y pimienta al gusto.
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Y sí, pareciera una mala broma; una muy escalofriante. Pero no es una broma… éste fue el procedimiento que realizó Santiago Meza López, alias El Pozolero, para literalmente deshacerse de sus víctimas.
Antes de ser aprehendido por elementos del Ejército en la autopista Tijuana-Ensenada, había hecho pozole a aproximadamente 300 personas por órdenes de Teodoro García Simental, uno de los capos de la droga en nuestro país. ¿Qué monada, no?
¿No gusta usted un pozole, joven? URL
NOTA: Sal y pimienta, cortesía del autor de la nota.
[?REC]
Por José Luis - Reseñas, Reseñas de Películas - 4 de septiembre de 2008
Este 3 de Septiembre fuí a Cinemark a ver una película de la cual había escuchado buenos comentarios. Me refiero a [?REC], de los directores Plaza y Balagueró. Fue estrenada el 23 de Noviembre en España, y nos llegó a México con casi 10 meses de retraso. Pero continuemos…

En general, ésta es —posiblemente— una de las mejores películas de terror del cine español. Aun cuando su duración no llega a la hora y media de reproducción, revela una visión distinta de las ya tradicionales películas de zombies. En breve, y sin dar mucha información, la trama va más o menos así: una reportera y su camarógrafo hacen un mini-documental (de esos que se ven mucho en TVE) sobre la vida de los bomberos en Madrid. Les siguen a una emergencia de rutina, que no parece ser más que alguna viejecilla enloquecida, pegando gritos en su apartamento. Pero… lo que allí encontrarán, no se lo espera nadie.
Ante tal situación la escapatoria parece indispensable, pero no les es posible: un grupo armado, posiblemente de fuerzas especiales, les impide la salida. Pero no les cuento más porque ya es mucho spoiler.

Se le puede comparar con 28 Days Later, ya que la trama va más o menos de lo mismo (en un principio). El final es el que clarifica el origen del fenómeno. Pero ya verán… se van a zurrar del espanto. Le doy un 9.
Long Khong
Por José Luis - Reseñas de Películas - 7 de diciembre de 2006
Un grupo de amigos se reencuentra tras un par de años, por la muerte de uno de ellos. Hace dos años se graduaron, y este trágico suceso los hace evocar el ayer. Pero alguien los ha esperado todo este tiempo. Alguien cuyo único sueño es vengarse, por algo que este grupo de amigos ocultó en el pasado. Un sueño que, para estos jóvenes, se convertirá en una pesadilla sangrienta y perturbadora…
Esta es una de las obras tailandesas más extremas del cine gore, sin lugar a dudas, que se entremezcla con la superstición regional. No les voy a contar mucho al respecto, ya que le quitaría gran parte de su contenido. Lo más impactante de esta pelÃcula, es el nivel de realismo alcanzado. Hay que tomar en cuenta que en Tailandia no cuentan con todos los recursos del cine norteamericano, y por ello lleva un mérito superior.
Las escenas, muchas de ellas, son grotescas y hasta repugnantes. Sólo recomendable para aquellos de estómago a prueba de plomo. No dejen de verla. Del cero al diez, se lleva un nueve. El final da un giro completamente inesperado.
The Exorcism of Emily Rose
Por José Luis - Reseñas de Películas - 13 de noviembre de 2005
Esta es una película enfocada en el juicio que se realiza a un sacerdote católico por homicidio por negligencia en el caso de un exorcismo practicado a Emily Rose, una chica de 19 años de edad que hasta antes de haber ingresado a la Universidad parecía muy sana y alegre.
La abogada defensora tendrá que encontrar la manera de salvar al sacerdote de la prisión. Sin embargo, el Estado presenta una dura y convincente teoría científica, lo que deja en muy difícil situación a la defensa. Ésta, opta por presentar el caso desde el punto de vista sobrenatural, permitiendo al acusado que pase al estrado a declarar su versión de los hechos.

La película, en general, es excelente. Podría decir que es la mejor que he visto de un caso de exorcismo, ya que se presentan las dos caras de la moneda: por un lado, la teoría científica sobre el caso de epilepsia psicótica que supuestamente habría sufrido Emily, y por el otro, el punto de vista religioso, que argumenta como real la posesión diabólica.

No es una película que esté saturada de efectos especiales. Eso es lo más interesante: una buena actuación puede sustituir kilogramos de maquillaje y excesivo uso de recursos tecnológicos. Y esta muchacha logró hacer eso mismo. No es una película recomendabe para la gente que sea adicta a los efectos especiales. Creo que el cine de alguna forma se ha desvirtuado por dicha situación. Antes las películas se basaban en la actuación. Y ahora vemos lo contrario en muchas películas: mucho efecto especial, mucho maquillaje, mucho 3D y poca actuación. Por ello, es que esta película me parece una joya. Ojalá que tu también la encuentres de tu agrado. Te la recomiendo muchísimo. Le doy un 9.5.
Tres metacarpianos rotos
Hoy fuí a la Clínica 32 del IMSS a que evaluaran mi mano derecha. Después de la visita al Depto. de Radiología comprobé mi estimación: tengo tres huesos metacarpianos rotos… del tercero al quinto. En ese tipo de casos se recomienda que se interne al paciente, para programar una cirugía. Así que me internaron. Sin embargo, no pude resistir el horrendo ambiente apocalíptico y deprimente de las instalaciones del IMSS. Habiendo pasado sólo cinco horas, pedí mi alta voluntaria. Y es que, definitivamente no puedo soportarlo.
Cuando llegó mi padre por mí, yo estaba sumamente nervioso: había pasado la noche escuchando lamentos, historias de personas que estaban detenidas en el hospital, esperando a declarar en el ministerio público, niños que que habían sufrido alguna fractura y que lloraban desconsoladamente y hasta el caso de algún viejo que había caído por las escaleras y se había fracturado el fémur. Así mismo, no me agradaba la idea de cagar en un cómodo, estando yo perfectamente bien, con la capacidad de erguirme e ir a un baño. No me habrían permitido pararme durante cuatro noches seguidas, al menos. Me habría convertido en una lapa, pegada a la camilla (ya ni tan siquiera una cama, sino una miserable camilla de un metro de ancho). No, definitivamente no me puedo ver en esas condiciones. Aceptar ese ambiente, esas condiciones insalubres (hasta material infeccioso se podía ver en el baño), sería tanto como aceptar que eso es lo que nos merecemos como mexicanos, que no se nos puede dar calidad en los servicios de salud y que nuestra vida se basa en cuantos somos y no en lo que valemos.
No puedo aceptar qu el IMSS mantenga esas condiciones tan mediocres. Una tienda de la Cruz Roja en una zona de guerra podría tener mejores espacios. El ambiente es horrendo: las camillas están separadas sólo por un metro de distancia entre sí, los ventiladores del aire acondicionado están saturados de polvo, las paredes están descarapeladas debido a los golpes que suelen dar los enfermeros inexpertos con las camillas al resituarlas, la máquina de escribir teclea a sólo tres o cuatro metros de distancia, los doctores, pasantes y enfermeros platican toda la noche y la maldita luz nunca se apaga. Nunca. Si bien te va, apagarán el radio, que tienen sintonizado en alguna estación de música de los 50s. No puedo imaginarme algo peor que lo que se vive en el IMSS. No quiero. De por sí, eso ya es horroroso.
Hoy voy a ir a BANAMEX, a ver si me abren un crédito, para pagar mi operación en un hospital en el que no tenga que sufrir estas barbaridades. Quizás al mismo al que fuí la vez pasada, en donde me atendieron muy bien, se puede tener cierta comodidad y no te obligan a presenciar el dolor ajeno. No hay porqué sufrir de esa manera. Es deprimente y te hace sentir más enfermo.




